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30 años de irreverencia sonora: Plastilina Mosh celebra su historia

Escrito por el 27/04/2026

La historia de Plastilina Mosh no se cuenta en línea recta; se construye a base de saltos, mezclas improbables y una identidad que siempre ha desafiado etiquetas. A tres décadas de su formación, el dúo regiomontano convirtió el escenario del Pepsi Center en una cápsula del tiempo viva: un recorrido emocional y sonoro que abarcó toda su discografía, desde 1996 hasta su etapa más reciente, confirmando que su propuesta sigue siendo tan libre y arriesgada como el primer día.

Desde antes de que iniciara el show, el ambiente ya estaba cargado de expectativa. El recinto se fue llenando de distintas generaciones: quienes crecieron con Aquamosh y quienes descubrieron a la banda años después, todos reunidos bajo una misma promesa: celebrar 30 años de una de las propuestas más originales de la música mexicana. Cuando las luces bajaron, bastaron los primeros beats para que la energía se desbordara.

El setlist fue, sin exagerar, un regalo para los fans. Plastilina Mosh apostó por mirar hacia atrás sin miedo y desempolvó canciones que hacía mucho no sonaban en vivo como “Pinche Stereo Band”, Ode to Mauricio Garcés, “Búngalo Punta Cometa” y “Magic Fever”. Cada una fue recibida con una mezcla de sorpresa y euforia, como si el tiempo no hubiera pasado. A la par, temas más recientes como “Michael Jackson”, “Luis Miguel” y Cínicos, Pecadores y Blasfemos demostraron que la banda no vive de la nostalgia, sino de una constante evolución que mantiene su esencia intacta.

En el escenario, el dúo reafirmó por qué sus shows en vivo son tan especiales. No hay rigidez ni distancia: hay juego, improvisación y una conexión real con el público. Cada transición entre canciones se sentía orgánica, como una conversación musical que iba creciendo en intensidad. La audiencia no solo escuchaba, participaba; coreaba, saltaba, recordaba.

Uno de los momentos más memorables llegó con los invitados. La aparición de Cha, integrante de Fobia, encendió aún más el escenario con una poderosa interpretación de “Niño Bomba”. Más adelante, Fer de Midnight Generation se sumó para “Human Disco Ball”, aportando una vibra fresca que conectó perfectamente con el espíritu festivo de la noche. Estas colaboraciones no se sintieron como simples apariciones, sino como extensiones naturales del universo sonoro de la banda.

Pero no todo fue música. Hubo espacio para la memoria y la cercanía. En un momento íntimo, Jonás González compartió la historia detrás del nombre de la banda. Recordó que, hace tres décadas, en casa de unos amigos —uno de ellos escultor— había plastilina por ahí. En medio de ese instante cotidiano, soltó la palabra “plastilina”, y casi de inmediato Alejandro Rosso respondió: “Plastilina Mosh”. Así, de manera espontánea, nació un nombre que hoy resulta inseparable de una identidad musical única. La anécdota provocó risas, aplausos y, sobre todo, esa sensación de estar compartiendo algo más que un concierto: un pedazo de historia.

A lo largo de la noche, quedó claro que Plastilina Mosh no solo ha construido canciones, sino recuerdos. Cada acorde parecía activar una memoria distinta en el público. Para algunos, era volver a la adolescencia; para otros, revivir conciertos pasados, viajes, amistades o momentos clave de sus vidas. Todo eso, sonorizado por una banda que nunca ha tenido miedo de ser diferente.

El cierre fue tan potente como emotivo. No hizo falta un discurso grandilocuente para entender lo que significaba ese momento. Bastaba ver las caras, escuchar los coros colectivos y sentir la energía en el aire. Fue un concierto profundamente emotivo, de esos que trascienden el escenario y se quedan contigo mucho después de que termina la última canción.

Así se vivieron los 30 años de Plastilina Mosh ayer en el Pepsi Center: entre nostalgia, celebración y presente. Un recordatorio de que su música no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que sigue evolucionando con la misma esencia irreverente, vanguardista y divertida que los definió desde el inicio.

Y pues nada, larga vida a Plastilina Mosh.