Estudios oníricos: el arte y la ciencia de los sueños
Escrito por Joel Cuellar Lopez el 26/05/2026
Le deseo una vez más la bienvenida a quien lee estas líneas, después de una larga pausa nos reincorporarnos a nuestro constante viaje entre aquello que llamamos arte y ciencia. Con motivo de este reencuentro propongo adentrarnos en uno de esos aspectos de la experiencia humana que al día de hoy seguimos sin comprender a cabalidad, me refiero a los sueños, esas experiencias que vivimos mientras dormimos, que son tan cercanas a la y a la vez tan distantes a la realidad.
Primero hay que aclarar, le llamamos sueño a aquella ensoñación que experimentamos mientras dormimos. Diferenciándolo del acto de dormir: todo aquel que sueña duerme, pero no todo el que duerme sueña. Que alguien exprese “tengo sueño” no es mas que un coloquialismo, de la misma manera que afirmar “soñaba despierto”, el primero hace referencia a estar cansado y el segundo a una actividad que aunque parecida, no es la misma que el acto de soñar mientras dormimos.
Los sueños nos ha acompañado a lo largo de todo nuestro viaje como especie y aunque muy probablemente no somos los únicos animales que viven dicha experiencia, probablemente sí somos los únicos que son conscientes de ella, pues al despertar podemos recordar dichos sueños, los cuales a su vez llegan a ser tan vívidos que nos hacen dudar sobre nuestro lugar en una supuesta realidad objetiva.
Y ya que es parte de nuestra naturaleza el tratar de darle sentido y significado a los acontecimientos de la vida, hemos intentado explicar los sueños de diferentes maneras: como manifestaciones espirituales, comunicaciones de nuestro inconsciente o como un residuo producto de los procesos naturales de nuestro sistema nervioso. Todas estas explicaciones comparten la idea de que los sueños deben de ser parte de algo más grande, pueden llegar a ser experiencias tan profundas que seguramente no son causa del azar o una simple excrecencia de nuestra mente y hasta cierto punto tienen razón.
Los sueños han sido fuente de inspiración artística probablemente desde el inicio de la humanidad, por lo que la lista de obras que en diferentes disciplinas artísticas han encontrado fuente de inspiración en ellos es innumerable. Aunque es a partir del siglo XVII que tenemos un registro más confiable de los sueños mencionados como referencia directa en diversos movimientos artísticos, ya sea el romanticismo, simbolismo, expresionismo y claro, el surrealismo. Por ejemplo, la figurilla del hombre león o figura de Löwenmensch, que es la muestra de arte figurativo más antigua de la que tenemos registro (hecha aproximadamente hace 40 000 años), que representa ya sea a un león erguido como un hombre o a un hombre con cabeza de león, podría interpretarse como algo salido de un sueño. Claro que lo anterior cae en una simple especulación, que sirve simplemente para apuntar al hecho de que, en los sueños vivimos experiencias que podemos catalogar como imposibles, de ahí expresiones populares como: “ni en tus sueños” o “sigue soñando”.
Y a pesar de que hoy en día el contenido de nuestros sueños pueda parecer imposible, a lo largo de los siglos han sido tomados en serio, como avisos, iluminaciones o diálogos con un mundo espiritual. De esto último se desprende que muchas de las tradiciones religiosas actuales (tradiciones Abrahamicas, Hindúes, e incluso Budistas) le den un lugar preponderante al sueño como parte de su mitología o creencias. De hecho, hoy en día hay un consenso antropológico en cuanto a que las primeras muestras de lo que podemos entender como creencia religiosa humana, se parecían mucho a lo que actualmente denominamos animismo o chamanismo, prácticas espirituales donde los sueños tienen un lugar central en la vida ritual.
Y a pesar de todo lo anterior, el estudio riguroso y científico de los sueños es muy reciente, en buena medida debido a su inescrutabilidad, por mucho tiempo lo que podíamos registrar de los sueños era lo que las personas podían describir de los mismos una vez despiertos, tal vez observarlos durante el sueño y mientras tanto registrar sus movimientos o alguna palabra que se les pudiera escapar. Incluso la famosa interpretación de los sueños freudiana no hizo mucho por revelar su misterio, pues se les podía dar ahora un significado inconsciente, pero no se respondían preguntas elementales como: ¿cuál es su función fisiológica? o ¿cuáles son los órganos involucrados?.
A partir del siglo XX, con la introducción del electroencefalograma y posteriormente de la tomografía por emisión de positrones, fue posible tener un registro tanto de los niveles de actividad neuronal como de la localización de la misma en el encéfalo. El tener este registro de la actividad cerebral mientras una persona duerme ha revolucionado nuestro entendimiento sobre el sueño, lo que nos ha permitido entendernos mejor a nosotros mismos.
En su artículo clásico: “Soñando y el cerebro: de la fenomenología a la neurofisiología” Yuval Nir y Giulio Tononi afirman:
«Los sueños son el experimento más notable en psicología y neurociencia, llevado a cabo todas las noches en cada persona. Demostrando que nuestro cerebro, desconectado del ambiente, puede generar por sí mismo un mundo entero de experiencias conscientes.»
Hasta donde sabemos, el estado consciente que se genera en el sueño es muy similar al estado consciente mientras estamos despiertos, con algunas diferencias clave. Para empezar la experiencia del sueño es una en la que perdemos mucha de nuestra voluntad, por lo general no nos es posible despertar a voluntad, cambiar deliberadamente elementos en nuestro sueño o dirigir su narrativa interna, aunque existen experiencias de “sueños lúcidos”, estos no constituyen la mayoría de las vivencias normales de sueño.
Otra diferencia es que mientras soñamos, es difícil darnos cuenta de que estamos en un sueño. De hecho se ha llegado a describir a las ensoñaciones como eventos “delirantes”, ya que durante la vivencia los eventos son asumidos como reales, incluso esos eventos imposibles que mencionamos antes. En los sueños es común encontrarse a uno mismo volando, conviviendo con personajes que cambian de apariencia constantemente, experimentando cambios bruscos de escenario e incluso estar ante situaciones inexistentes como encontrarse con una gallina de dos metros de altura, todo esto es aceptado sin cuestionamientos por quien sueña.
Además, en el sueño es común encontrar incertidumbre sobre el lugar donde nos encontramos, el paso del tiempo y nuestra identidad, así como la identidad de los demás personajes. Por ejemplo, soñamos estar hablando con nuestro mejor amigo y sabemos que es él, pero su apariencia es la de un primo lejano con el que no hemos tenido contacto en años.
Cabe destacar que la investigación al respecto ha encontrado una gran variabilidad entre las experiencias de sueño, por un lado existen personas que, como ya se mencionó reportan sueños lúcidos, otros mencionan la inclusión de estímulos externos (como el diálogo de la televisión que dejaron prendida) en sus sueños, mientras que un número importante es incapaz de recordar sus sueños.
Sin embargo, la evidencia de diferentes campos de estudio converge en un aspecto cercano a la capacidad artística, el hecho de que los sueños están relacionados íntimamente con nuestra imaginación, o en otras palabras, que las estructuras encefálicas involucradas son aquellas con la capacidad de generar imágenes mentales y aquellas relacionadas con la percepción no parecen estar involucradas.
Esto último es relevante porque nos ayuda a entender tanto a nuestras ensoñaciones como a nuestra experiencia mientras estamos despiertos, ya que se ha llegado a proponer que tanto los sueños como la vigilia son “alucinaciones”, al estar relacionados ambos con las estructuras de nuestra percepción.
Pero al entender que las partes de nuestro cerebro relacionadas a la percepción se activan mientras estamos despiertos y lo hacen de “abajo a arriba”, haciendo referencia a que reaccionan a estímulos provenientes de las partes más distales de nuestro sistema nervioso periférico. Mientras que nuestras ensoñaciones provienen de la imaginación, de “arriba a abajo”, generándose primordialmente en la corteza cerebral y enviando impulsos a otras regiones, esto último resulta en hablar o hasta caminar mientras dormimos.
Entender a los sueños como una poderosa forma de imaginación nos puede ayudar a explicar los eventos imposibles que suceden en ellos, pero también abre la puerta a mayor investigación relacionada con nuestra capacidad creativa, sensibilidad artística y el proceso mediante el cual se puede crear algo con mayor o menor originalidad. Esta relación entre los sueños, imaginación, creatividad y arte merece ser explorada con mayor profundidad y seguramente será un fértil campo de estudio en los años por venir.
Columna: Transpoiética.
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