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El estudio de la creatividad: invocando respuestas

Escrito por el 17/06/2026

¿A qué le llamamos creatividad? Podemos entender esta palabra como capacidad creadora, pero además denota un concepto fuertemente relacionado con otros, como el de originalidad, imaginación e incluso innovación.

Por un lado puede usarse cuando alguien crea algo nuevo, único o diferente, aspectos muy valorados en los diversos medios artísticos, por lo que se suele referir a los mismos como medios creativos, ámbitos donde se espera que las personas no solamente repitan viejas fórmulas.

Por otro lado, el concepto de creatividad también está asociado a poder resolver un problema, encontrar una solución también es un acto creativo, pues para encontrar dicha solución muchas veces necesitamos desarrollar nuevas maneras de llegar a ella.

Pensémoslo como un laberinto, en cuyo centro podemos encontrar la respuesta que estamos buscando, al explorarlo y encontrar dicha respuesta podemos trazar una ruta en nuestro mapa para poder regresar cuando queramos. Pero habiendo regresado al exterior del laberinto, podemos seguir explorando para encontrar nuevas rutas a nuestra respuesta.

En esta metáfora, las respuestas a encontrar pueden ser soluciones a un problema técnico o científico, pero también pueden ser nuevas formas de expresión artística, la creatividad yace en descubrir dichas rutas, ya sea que nos ayuden a encontrar nuevas respuestas o sean nuevas rutas a una misma respuesta. Pero, oh querido lector ¿cómo es que llegamos a descubrir estas rutas? Siguiendo la metáfora del laberinto, tendríamos que explorar, equivocarnos y volverlo a intentar, pero ¿qué es lo que ocurre en nuestra mente que nos permite realizar dichas actividades? Esta pregunta estuvo rodeada de un aura de misterio durante siglos, por lo que muchas personas en el ámbito artístico entendieron a la creatividad como algo que literalmente llega desde el exterior. Recordemos la antigua creencia en las musas, seres míticos que le susurraban la inspiración a los humanos. Incluso al día de hoy existen personas que siguen entendiendo a la creatividad de esta manera, un ejemplo de esto último lo podemos encontrar en El acto de crear: una manera de ser, del afamado productor musical Rick Rubin, para quien la mente es como un radio que podemos sintonizar para atrapar las ideas que se encuentran flotando en el éter, ya completas y listas para ser implementadas.

En esta manera de entender la creatividad, uno puede recibir o no las ideas de acuerdo al nivel de sensibilidad que se posea y existen diversas maneras en las que podemos aprender a “sintonizar” nuestra mente para poder recibir tales ideas. La obra de Rubin es primordialmente una guía para el fomento de la creatividad, para estar listo a atrapar las ideas cuando estas vengan, lo cual implica el fomentar ciertos hábitos cotidianos, por ello el acto creativo termina siendo también un modo de vida.

Por otro lado, a partir del estudio científico de la mente, se comenzó a entender al proceso creativo como una especie de destilación mental a partir de elementos externos que sirvieron como inspiración, en su libro Creatividad: la síntesis mágica el prominente psiquiatra italo-estadounidense Silvano Arieti nos habla del problema de la originalidad, pues como ya se ha dicho en incontables ocasiones, no hay nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, identifica la creatividad no como el crear desde cero, sino crear a partir de las experiencias y conocimientos del autor, siempre es necesaria la inspiración, pero nunca es suficiente.

Como enuncia el título de la obra de Arieti, él llega a la conclusión de que la creatividad es una síntesis, una en la que se toman elementos ya conocidos para reacomodarlos, recomponerlos o verlos bajo una nueva luz. La síntesis parecía mágica en el momento en el que Arieti escribió, porque en ese entonces se carecía de un método para entender los procesos neuronales que dan origen a dicho proceso, además de que el resultado de la síntesis emerge sin poderse explicar como un mero agregado de elementos, pues su alcance va más allá que la suma de sus partes.

A partir del desarrollo de instrumentos que nos permiten entender mejor el funcionamiento de nuestro cerebro, ahora entendemos un poco mejor los mecanismos subyacentes a la creatividad. En su reseña titulada La neurociencia de la creatividad, Andreas Fink y Mathias Bendek nos dan a conocer algunos de los descubrimientos científicos ahora ampliamente aceptados sobre este campo.

Para empezar, la creatividad no es una actividad que se encuentre en un área específica del cerebro, se trata de una actividad que utiliza a varias redes neuronales, las cuales están asociadas a la función ejecutiva, atención y memoria.

De estos hallazgos se desprende que aquellos individuos más creativos son aquellos con una mayor conectividad entre dichas redes neuronales. Esto último es relevante, pues las redes mencionadas no suelen interactuar en la mayoría de las actividades cotidianas, activándose independientemente unas de otras.

En otras palabras, sí existe un éter de donde pueden surgir nuevas ideas, el cual podemos ubicar en lo que se conoce como red basal de nuestro encéfalo, una red neuronal dispersa a lo largo de varias regiones de nuestra corteza y que se activa cuando, estando despiertos, nuestro foco de atención no está en el mundo exterior, dejando a la mente en una pausa activa, lo que conocemos en el día a día como soñar despiertos.

Finalmente, cabe mencionar que la creatividad puede ser un proceso dirigido, no es que siempre sea así, hay ideas que llegan de manera espontánea, de ahí la creencia de que nos llegan cual iluminación divina. Sin embargo, cuando estamos buscando nuevas ideas, respuestas o soluciones, existe una fuerte activación de nuestro lóbulo frontal, donde reside la función ejecutiva, aquello que podríamos entender como voluntad propia. Cuando nuestro frontal tiene la capacidad de conectarse activamente con otros lóbulos, como el parietal u occipital, entonces existe una mayor capacidad creativa.

Por ejemplo, el visualizar posibles mejoras para un auto, requiere primero del uso de la memoria, esto para evocar las características del auto, luego se necesita poner el foco de atención en la imaginación y así guiar activamente la visualización de dichas mejoras. Finalmente se utiliza la voluntad para evaluar y corregir las propuestas hasta encontrar la más adecuada.

Y si tú, que me has permitido acompañarte hasta este punto de la lectura, me permites una última metáfora, en efecto la creatividad es magia, en un escenario donde nuestra función ejecutiva (voluntad) hace las veces del mago o hechicera, capaz de invocar a las nuevas creaciones desde el éter, dándoles nombre, propósito y sentido, extrayéndolas desde el mundo interno de las ideas y concretándolas en el mundo exterior, dándoles un lugar para encajar en una realidad compartida.

Columna: Transpoiética.