LA FRÁGIL LÍNEA QUE DIVIDE LA PÉRDIDA Y LO QUE APARENTEMENTE TENEMOS
Escrito por Invencible el 26/05/2026
Sobre el libro de Sofía Cham, Taxonomía de una piel que tiembla.
Por: Víctor Munita-Fritis.
Desierto de Atacama, Chile.
Carlos Linneo propuso un sistema de clasificación en el que cada organismo se “filtra” a través de diferentes taxones o grupos, comenzando por sus características más generales hasta llegar a las más particulares, especialmente en el Homo sapiens. Además, afirmaba que era posible crear un sistema natural de clasificación a partir de la creación divina, original e inmutable de todas las especies. Por ello, dividió el reino animal, mineral y vegetal en siete taxones, destacando las categorías de orden, clase, género y especie. Son estas dos últimas las que se utilizan para identificar a los seres vivos.
Debo reconocer que debí estudiar más de lo que creí para emitir opiniones sobre el libro de Sofía Cham. Cuando leía la palabra “Taxonomía” en la portada, recordaba a una antigua profesora de currículum pedagógico en la universidad, quien me enseñó la Taxonomía de Bloom, que no son más que verbos para objetivos educativos o proyectos que permiten que los estudiantes cumplan sus metas de aprendizaje mediante una correcta evaluación.
Por el lenguaje, se me hacía algo más cercano; sin embargo, debo confesar que el libro de Sofía me llevó a repensar los símbolos y las clasificaciones de la historia humana y personal, la de cada uno de nosotros cuando amamos o no y dejamos de hacerlo.
Porque cuando amamos y dejamos de hacerlo, siempre queda una marca, un hecho y un hito que nos hace vivir un proceso histórico que, en el presente, se siente larguísimo y, en el futuro, se convierte en un relato breve que no supera los cinco minutos.
Los historiadores, en general, hemos olvidado que la poesía y el amor construyeron nuestro pasado, siguen construyendo nuestro futuro y giran en distintas dimensiones del presente, aunque no lo parezca en un mundo lleno de símbolos que intenta explicarlo todo a través de una imagen.
Un ejemplo es “Cuasi Ventus”, de Safo de Lesbos, donde Melaneo, dolido por el desamor, ataca Troya tras el rapto de Helena por parte de París. También está el poema de Ebla, llamado Ama-gi (Te amo), que son dos rocas talladas con cuatro mensajes repletos de signos de un amor unilateral de un chico por una joven.
El Cantar de los Cantares de la Biblia es la poesía amorosa hebrea que describe la belleza y el misterio del amor sexual en su contexto. Asimismo, el poema “La Araucana” de Alonso de Ercilla, que en una de sus estrofas dice:
No las damas, Amor, no gentileza
de caballeros canto enamorados,
ni las muestras, regalos y terneza,
de amorosos afectos y cuidados
Por otra parte, el cuerpo, decía el narrador y performer chileno Pedro Lemebel: “es un campo de batalla, el cuerpo es un lienzo político”. Hablaba del amor con dureza, desparpajo y una especial ternura, entendiendo la función política de este para combatir el capitalismo. Sin embargo, Sofía nos muestra unos símbolos que hacen interactivo el libro, permitiendo que el lector juegue sobre el cuerpo de papel, explicando el cuerpo propio de la carne y el cuerpo propio de lo no visible, pero no lo que no se siente.
El libro incluye “En tu boca”, que habla de lo cercano, la pareja, el otro cuerpo; “Cicatriz”, la marca en el lienzo de la guerra, la herida interna y expuesta; y “Crack”, el sonido de lo roto, lo frágil, lo que quizás uno escucha como doliente, pero no el otro por el que se duele en ese tiempo oscuro.
Con cada avance en los poemas, pensaba en los símbolos, en la edición, en ese salto a otro mediante estas figuras; como los libros de Cortázar, o Cecilia Vicuña, cuando nos habla de “Los Besadores” en el libro Los Zen-surados o el ludismo de Ludwig Zeller en sus publicaciones.
A la vez, cada figurita al borde de las páginas me sonaba como una campanilla que guía a la nostalgia propia del amor y a las historias de otros que uno escucha o se entera sobre los descalabros afectivos, como dice Françoise Roy en la contraportada de esta obra.
Pensaba que los símbolos también tienen que ver con lo poco que sabemos sobre lo nuestro (que ya es mucho) y/o lo inexplicable de nosotros (que es muy poco).
Me alegra esa valentía de Sofía, quien, desde que la conozco, siempre se atrevió a hablar de otros temas en sus publicaciones, abordando cuestiones universales. Un ejemplo de eso está en el texto “Perro de dos cabezas”, que es un acto confesional muy inicial en su trayectoria literaria, que también aparece en este libro. Desde el punto de vista de la edición, me parece un acierto incluir y corregir este texto.
Volviendo a los símbolos, reflexionaba que hoy la industria editorial estadounidense intenta establecer que con palabras “únicas y en inglés” se puede explicar todo en un concepto y ha comenzado a utilizarlas en el ámbito de las relaciones de pareja —se me hace hasta sospechoso, siempre es así el colonialismo—, en una de las acciones más antiguas y profundas de las personas. Algunos ejemplos son:
- Ghosting: Ignorar a la otra persona hasta que se da por enterada de que la relación ha terminado.
- Zombieing: Si alguien que hace ghosting quiere, repentinamente, volver a la vida del otro a través de las redes sociales, está haciendo zombieing.
- Cuffing: Salir con alguien solo porque es invierno y se echa de menos tener a alguien con quien acurrucarse viendo Netflix.
Son un par de palabras dentro de un gran universo, signos que se convierten en palabras y, a la vez, también en un símbolo explicativo. Este ahorro del lenguaje es lo que dicen los editores norteamericanos: “uniformar Latinoamérica en un español blanco, traducible”; ellos quieren entender nuestras formas utilizando sus parámetros, pero con nuestro intelecto y creaciones.
Pero volviendo a la historia, en nuestro continente lo hemos hecho desde tiempos incalculables, como las relaciones hetero y homosexuales descritas en algunos códices que manifiestan deseo, dolor, alejamiento, amor y odio.
El escritor argentino Ernesto Mallo dice: “El amor y el odio son tan intensos porque provienen del mismo lugar del cerebro; solo es una transformación”. O, como dice mi amigo, el escritor nicaragüense Mario Martz, al leer rápidamente unas páginas de este libro que tomó de la mesa del bar en que estábamos juntos:
“Este libro tiene cositas para ti, para mí y para todos, cosas que te hacen temblar”. El libro Taxonomía de una piel que tiembla (Puente Poesía Ediciones, México, 2023) de Sofía Cham hace que uno recorra los misteriosos y hasta invisibles códigos de lo cotidiano que muchas veces no vemos por no detenernos con transparencia frente a la vida.
Sofía Cham Trewick, Guadalajara, México, 1987. Es escritora, poeta y gestora cultural. Fue consejera editorial del periódico Mural en 2016 y becaria de la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega de la Universidad de Guadalajara (UDG) de 2017 a 2019. Ha participado en diversos encuentros de poesía en México entre 2016 y 2021.
Es autora de Un Trago del aire que respiras (Temacilli Editores, 2015). Su obra ha sido antologada y traducida al alemán, gallego, francés e inglés. Asimismo, fue responsable de las antologías de poesía para «Letras para Volar», un programa de promoción de la lectura de la Universidad de Guadalajara.
Víctor Munita Fritis, Atacama, Chile, 1980. Ha participado en ferias y encuentros literarios en España, Francia, México, Bélgica y Perú. Es autor de “México, Paisaje de Copiapó” (TC,2021), el poemario “Libro de Asistencia” (UANL,2024) y “Yo, entre todas las Mujeres” (Cinosargo, 2010; Emergencia Narrativa, 2013; Mago Ed., 2020), Un síndrome mesiánico y otras fuentes documentales de Franco Romero Román (Borde Libre, 2024) . Ha recibido dos veces la Beca de Creación Literaria de Chile (2017, 2024), la Beca de Narrativa Breve en Cultura de Jalisco (2023), Premio al Mejor Libro de Poesía de Fútbol Chileno de la Fundación IHE (2018) y la Medalla Pedro León Gallo del Gob. Regional de Atacama(2023), Premio Trayectoria de Atacama (2025).
Autor
Invencible
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