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El Molino de las constelaciones

Escrito por el 13/01/2023

Algunos apuntes sobre los elementos cósmicos en la poesía

Dentro de los múltiples mundos a los que la imaginación poética nos permite volar, podemos encontrar la poesía social, amorosa, báquica, poesía del absurdo y diversos universos en dónde el símbolo se funde con la palabra recreando las preocupaciones y anhelos de la especie humana.

La imaginación no está desligada del mundo material ya que incluso en un ser fabuloso de la mitología como el grifo, está compuesto de elementos como la cabeza de águila, el cuerpo de león y otros que son perfectamente identificables dentro de la realidad.

Así, desde el inicio de la palabra, los elementos del cosmos, es decir el sol, la luna, los planetas, fueron parte integral del lenguaje poético, muy probablemente debido a su movimiento de aparente danza celeste, el cual debido a sus recurrencias permitía marcar el tiempo, además está la cuestión de que a pesar de ser parte del mundo material, son inalcanzables para el hombre, inaccesibles. A final de cuentas el observar las estrellas a las que nunca se va a llegar es como sentir el viento, al cual se le escucha pero nunca se le puede ver.

Las sensaciones y sentimientos ligados a fenómenos que entendemos como paradojas o como imposibles en la realidad física, tienen en la imaginación una vía mediante la cual se puede conversar con el viento o más aún darle un rostro y una voz a los planetas.

En el poema “La Estrella Fugaz”  tenemos a una estrella fugaz antropomorfizada o más bien, debido a la calidad de su acción, podemos decir que está angelomorfizada:

“Vio la estrella a un demonio espiar furtivamente
a las puertas del cielo y se lanzó contra él, encendiendo
un camino de llama.
Parecía un jinete a quien la rapidez de la carrera
desatara el turbante y que lo arrastrase entero tras
de sí como un velo que flota.”

Ibn Sara de Santarén s. XII [versión de Emilio García Gómez]

Pareciera que la estrella se convirtió en Mikaíl el ángel que vence a Shaytán (el Satanás islámico), solo que aquí, la estrella se transformara en un bandolero intentando esconder su rastro, más aún un bandolero del caos, que irrumpe en la armonía del jardín supralunar.

“Mira la belleza del sol: cuando sale muestra una
ceja de oro, mostrándose avaro de la otra.
Pero sabemos que no ha de continuar siendo avaro,
y que desplegará por todas partes el velo de su hermosura.

¡Qué maravilloso espejo descubre por el oriente,
para ser de nuevo escondido en el ocaso!

Justo es que el horizonte se entristezca por su partida
y se cubra de túnicas de luto.

Las estrellas fugaces no son para mí sino sus lágrimas,
aunque lágrimas sólidas.”

Ibn Abi-l-Haytam de Sevilla s. XIII [versión de Emilio García Gómez]

En este poema hallamos una dialéctica entre el ciclo natural de un día con las leyes de la aparente trayectoria solar y un hecho extraordinario como son las estrellas fugaces, simbolizando la tristeza, como si fueran las lágrimas de la amada ante la partida del amado. Llama la atención la feminización del sol, pero al mismo tiempo vale la pena recordar que para los vascos, el sol era mujer.

El darle a la naturaleza cualidades meramente humanas, es decir la figura conocida como prosopopeya, no desaparece ni en nuestras deshumanizadas sociedades hipertecnológizadas. Por momentos se nos olvida nuestro diálogo con los fenómenos del mundo, pero allí sigue, silencioso, latente, a la espera de la siguiente letra que nos muestre la melancolía del sol o la ebriedad de las estrellas; sólo que sobre una avenida del asfalto o dentro de un departamento, que importa si a mayor o a menor altura de donde los caldeos alcanzaban a ver la ciudad de Ur.

“Las estrellas volvieron sobre nuestro desamparo
y la luna metálica
se anegó en el silencio”

Salvador Gallardo

La cualidad metálica de la luna, expresada en los versos, en relación al desamparo y el silencio, es una especie de golpe, como si  se hubiera transformado en un gong oriental y que tras la estridencia del golpe, quedara sólo la sensación de la soledad y el silencio que podemos vislumbrar en las alturas uranias en donde la noche se nos muestra como una danza de cuerpos luminosos lejanos, que a veces voltean a ver las desgracias dibujadas en los rostros de la geografía terrestre, pero siguen en su lejana  cadencia  cósmica, que a fin de cuentas ilumina nuestras noches, sino recuérdese la “Noche oscura del Alma” de san Juan de la Cruz o los “Hymnien an die Nacht” de Novalis.

«Profetiza profetiza
Molino de las constelaciones
Mientras bailamos sobre el azar de la risa
Ahora que la grúa que nos trae el día
Volcó la noche fuera de la tierra»

Vicente Huidobro

En estos pocos versos del poeta chileno, encontramos alusión a una de las funciones antiguas del bardo: la profecía. Se profetizaba mediante la astrología, íntimamente ligada con el movimiento de los astros, pero también las técnicas de éxtasis como la danza estaban involucradas, si no basta con recordar la danza giratoria de los derviches del sufismo.

En el tercer verso de esta estrofa se menciona  un baile sobre el azar de la risa, casi lo vemos sincronizado con las aspas de un molino cósmico. En el orden hay elementos de caos y de alegría, casi un carnaval cantado.

Por otro lado la grúa de la vanguardia anuncia el giro del amanecer, vuelca la noche de la tierra. La materialidad de todos los días, la tecnología por la grúa, irrumpe en los ciclos naturales y en la sacralidad cantada durante milenios. Sin embargo el movimiento se integra y los acontecimientos del mundo continúan su marcha.

«Contemplo el ejército de las estrellas,
que son como las flores del firmamento,
hasta que sale la paloma del día
de debajo de las alas de un cuervo.»

Moshe ibn `Ezra [versión de Rosa Castillo]

El movimiento en el que Huidobro simboliza el amanecer, es transformación para ibn `Ezra. La metamorfosis del cuervo de la noche en la paloma del día nos recuerda el proceso alquímico de nigredo a albedo, pero en este caso hay una transformación que no tiene que ver con la purificación de la materia sino con el anuncio de la presencia del sol. Una imagen que encontramos en el poeta hispanohebreo es el cielo, como la tierra donde crecen las flores, es decir las estrellas. Además de la belleza en la expresión, está presente el precepto hermético “como es arriba es abajo”.

«Pero también la noche es materia transformable,
cada niño que de su vientre nace en la Moebius curvatura
no encontrará el final que lo asesine,
permanecerá en la savia renovada del cosmos,
en la punta de tu lanza, con fatiga, sí,
pero sin sentencia de principios ni de conclusiones.»

Roberto López Moreno

Los principios herméticos se conjugan aquí con el lenguaje de la ciencia. La banda de Moebius, objeto geométrico de tres dimensiones que pareciera tener dos, nos da una sensación de continuidad a pesar del cambio de perspectiva en la figura, de perennidad, por eso no se “encontrará el final que lo asesine”.

La noche es materia transformable en magia, fiesta, danza, amor, desenfreno sexual y ceremonia. En el poema del “Rayo del Sur” parecemos encontrar una imagen extraída en parte de un antiguo libro de alquimia en donde del vientre del niño no nace el árbol ni la cadena que une la materia con el espíritu sino la banda de Moebius. La savia del cosmos nos recuerda la renovación a través del sacrificio en el México Antiguo en donde hay esperanza pero también horror, angustia y misterio.

«Doy voces en mi morada, en los prados matizados
de la montaña de Nueve-Puntas, donde nunca llega el Sol.»

Canto de Los Caballeros Águilas [versión de Ángel María Garibay]

¿Cómo es una montaña a la que nunca llega el sol? Sin duda en este verso encontramos no solo un imaginario de la oscuridad, sino una expresión del misterio que nos hace pensar en regiones, a donde sólo se puede acceder, mediante el espíritu, la imaginación y la palabra.

Por otro lado hay que recordar la conjunción entre número y vida que hubo entre los antiguos mexicanos; el número 9 representaba entre otras cosas, el número de niveles del Mictlán o inframundo, regiones a donde no alcanza la luz de nuestro sol. Como podemos ver los elementos del orden cósmico pueden asimismo aparecer de formas apenas sugeridas, simbólicas, mistificadas, que en ocasiones recuerdan al maravilloso trovar clus de los poetas medievales del mediodía francés.

La poesía es una vía mediante la cual es posible redefinir los conceptos que nos han hecho ver el mundo de una manera que podríamos llamar canóniga y parafraseando al artista catalán Antoni Tàpies, podemos decir que la poesía es una vía de conocimiento. Veamos como los vanguardistas, André Breton, Paul Éluard, Alfred Jarry y Benjamin Peret, en el Dictionaire abrégé du surréalisme, definieron a algunos de los astros que influyen en el devenir de la Tierra:

«SOL: “El sol es un globo frío, sólido y homogéneo. La superficie está dividida en cuadrados de un metro, base de largas pirámides volteadas, enroscadas y de 696 699 kilómetros de largo, con los puntos a un kilómetro del centro” (Jarry). “La inmensa fresa del Sol / sobre el cuello de un claro” (P.E.). “El sol de mi cabeza es de todos los colores” (B.P.).

LUNA: Fantástico vidriero.

ESTRELLA: “Ante ti estoy, para detenerte y todas las estrellas del cielo darte en un beso sobre tus ojos, todos los besos del mundo en una estrella sobre la boca” (A.B. y P.E.).

Nadie esperaría escuchar que el sol es un globo frío, o a la luna como a un fantástico vidriero. En estas breves definiciones a través de imágenes encontramos al verbo, a la palabra como un medio de liberación semántica e imaginaria.

La poesía, así como las diferentes lenguas que la expresan poseen estructuras mediante las cuales se expresan entre otras cosas emociones, noticias y conocimiento, la estructura de los diferentes lenguajes, es una forma de ver el cosmos y expresar su orden y su caos. En el arte de la palabra encontramos la imaginación integrada a ese orden y a ese caos en el que la especie humana ha sufrido y gozado sus múltiples avatares y ha construido su Historia.

columna #glifodenube

Este texto fue originalmente publicado en la página de Facebook del Colectivo Plumacincel el 24 de Mayo de 2020