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Palabra que es memoria

Escrito por el 04/10/2026

En esta nueva entrega para Ficcionalizarse en la memoria les comparto otra reseña sobre mi libro Poesía Eviterna. No sin antes agradecer a Invencible Radio por la oportunidad de fomentar la lectura desde este espacio, y a Carla Cecilia Cejudo por ser una de mis presentadoras y por su lectura crítica.

Palabra que es memoria

Escrito por Carla Cecilia Cejudo

Cuando terminé de leer Poesía Eviterna, de Ana Bertha Bardales Sosa, me di cuenta de que había una palabra a la que los poemas regresaban una y otra vez: memoria.

No solamente porque Ana Bertha escriba sobre recuerdos, sobre voces del pasado, sobre su familia, sobre el amor, la muerte o las heridas, sino porque su lectura me llevó a una pregunta que vive fuera y dentro de este libro: ¿Qué permanece realmente de todo aquello que vivimos?

Y esa pregunta me hizo volver al título: Poesía Eviterna. No eterna: eviterna.

La palabra me llevó a pensar en nuestra relación con el tiempo, porque vivimos rodeados por el cambio. Cambian nuestros cuerpos. Cambian las personas que amamos. Cambian las familias. Cambian las casas, las ciudades, las sociedades. Cambian nuestras certezas y cambia incluso la manera en que recordamos aquello que alguna vez creímos conocer perfectamente. El cambio no acompaña el camino; el cambio es el camino. Si todo cambia, si nosotros estamos cambiando continuamente, regreso a mi pregunta: ¿Qué permanece?

Mientras leía a Ana Bertha pensé que quizá no permanecen los acontecimientos, ni siquiera permanecen intactos nuestros recuerdos. Cada vez que volvemos a ellos somos diferentes y, por lo tanto, también los miramos de otra manera. Quizá lo que permanece es lo que un recuerdo, una persona, una historia nos hizo sentir. Ahí, para mí, comienza la poesía.

En «Polifonía», uno de los poemas del libro, Ana Bertha escribe sobre las voces que han desaparecido, las que permanecen en silencio, las marginadas y olvidadas. Son voces que regresan. Y también aparece una imagen que me interesa especialmente: la espiral que se crea y retorna. La espiral vuelve, pero no al mismo lugar. Así funciona también la memoria.

Volvemos a una persona, a una conversación, a una pérdida, pero no regresamos realmente a ellas. Regresamos desde quienes somos ahora. Por eso me resulta tan sugerente otro verso de «Polifonía»: «en una voz muchas voces».

¿Cuántas voces viven dentro de nuestra propia voz? ¿Cuántas ideas que creemos nuestras comenzaron antes de nosotros? Una frase de nuestra madre. Una historia contada por nuestra abuela. Una manera de reaccionar. Un temor. Una costumbre. Una forma de querer. Incluso aquello contra lo que alguna vez nos rebelamos. Somos individuos, pero también somos memoria.

En «Eres», un poema dedicado a su madre, la poeta la llama «memoria generacional». Me detuve mucho en esas dos palabras.

Porque pensé que la familia quizá sea nuestro primer archivo de memoria: Antes de que podamos contar nuestra propia historia, otros han comenzado a contarla por nosotros. Heredamos relatos, afectos, formas de mirar el mundo. También silencios, temores y heridas. Eso me lleva a otra presencia recurrente en Poesía Eviterna: la herida.

Hay dolores que pueden acompañarnos durante años. Dolores que inmovilizan. Dolores que se repiten. Y algo puede comenzar a cambiar cuando somos capaces de reconocerlos; cuando aceptamos que forman parte de nuestro sufrimiento y comprendemos que es necesario movernos, hacer algo con lo que nos ocurre. Lo que cambia es el lugar desde donde lo miro.

Leo un poema de Ana Bertha sobre su madre y empiezo a pensar en la mía. Leo una ausencia y recuerdo mis propias ausencias. Leo sobre una herida y alguna herida personal responde.

Entonces ocurre esa pequeña magia que para mí tiene la literatura: la memoria del otro no se convierte en mi memoria, despierta la mía.

Quizá por eso la literatura no garantiza que comprendamos al otro, pero sí puede disponernos a escucharlo.

Esto me devuelve a la fragilidad de la vida, otro tema que encontré de diferentes maneras en el libro. Ana Bertha escribe sobre la muerte, sobre el dolor, sobre la guerra, sobre un planeta herido…Todo puede dejar de ser. Nosotros también. Y tal vez sea precisamente la conciencia de esa fragilidad la que nos impulsa a recordar y a contar.

Escribimos porque algo desaparece, porque alguien se fue, porque algo nos dolió, porque amamos, porque hubo un instante que quisiéramos retener, aun sabiendo que no podemos hacerlo.

Ahí fue donde apareció otra pregunta: ¿Estamos ante la poesía de la memoria o ante la memoria de la poesía?

Probablemente ante ambas. La poesía puede nacer de la memoria, pero la poesía también puede convertirse en un espacio en el que la memoria se transforma y circula. No conserva intacto el pasado, lo pone en movimiento.

El recuerdo de Ana Bertha nunca será mi recuerdo. Su madre nunca será mi madre. Su herida nunca será exactamente mi herida. Pero sus palabras pueden hacer que yo regrese a mi madre, a mis ausencias, a mis heridas, a mis propias preguntas. Entonces se produce una cadena invisible: vivimos, recordamos, contamos, alguien escucha, algo siente y vuelve a recordar.

Y tal vez desde ahí pueda regresar finalmente al título que desencadenó todas estas preguntas: Poesía Eviterna; para verlo y entenderlo como aquello que sigue transformándose, como un recuerdo que toca otro recuerdo y que encuentra resonancia en otra persona.

Columna: Ficcionalizarse en la memoria. 


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