
¿Se puede cambiar el destino?, ¿moldearlo a nuestra manera luego de haber visto todos los otros resultados posibles tras nuestras acciones acertadas o erróneas?, ¿y si se modifican los acontecimientos pasados, cuán trastocado queda el futuro?, ¿se puede mover del pasado al presente y al futuro a través de los espejos y de los relojes de mano (tipo astrolabios) para hacer esos viajes espacio-temporales?
Todo ello es lo que plantea la escritora Natalia Carnales en su nueva novela Umbra, pero lo interesante de su propuesta es que a su vez hace una reinterpretación de la figura de la mujer vampiro. Con un ritmo ágil por la mezcla entre lo epistolar, la narración como tal y la escritura de un diario, la autora nos convierte en testigos de dos grandes secretos (el de Aurora y el de Adler) que marcarán esta historia plagada de descripciones y de diálogos precisos que generan aún mayor intriga.

Aurora, una chica pelirroja que queda huérfana, se verá envuelta en el misterio, hasta desvelar verdades que le mostrarán que lo que creía real no lo es y que las sombras que ve vagar por los pasillos de la casa de su tía Auro (y que ha heredado) esconde más de lo que aparenta. Por lo que, entre revelaciones oníricas y cartas viejas sin enviar, descubrirá que su “tía” Auro no era quien ella había pensado.
Toda la trama está ambientada en tiempos de la guerra y durante el dominio de Hitler y Franco, por lo que España y Alemania serán los ejes en los que acontecerá cada una de las escenas.

A lo largo del libro habrá plot twists que mantendrán al lector deseoso de seguir leyendo, muchos de ellos relacionados con el verdadero origen e identidad de Aurora y de Adler, y con el encuentro directo con una secta que ha tratado de mover los hilos de la existencia de mortales e inmortales. Aunado a ello está la aparición de Anubis que marcará un antes y un después en la vida de Aurora.
Sin duda alguna, es una novela que vale la pena leer porque navega entre el terror, el erotismo, la crueldad del ser humano, los conflictos bélicos y las cuestiones de identidad.
Columna: Ficcionalizarse en la memoria.
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