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Víctor Gabriel Martínez Servín, poesía joven

Escrito por el 17/10/2026

Víctor Gabriel Martínez Servín

(Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, 2004) estudia Relaciones Internacionales en la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM. Ha participado en lecturas y encuentros de poesía en espacios como la Tertulia Nacional de Café Sumeru, el Lunes de Poesía de Café Guardatiempos y Casa Salazar, junto al colectivo Nefelibata y «Letras a contraluz». Su obra ha sido publicada en Archivo Poético Vol. 01 – Losdelasecta y en el primer volumen de Archivo 21. Próximamente, uno de sus poemas será publicado en una revista literaria de Honduras.

Compartimos estos dos poemas de su autoria:

No nos perdones, Señor

Sigamos pecando hasta llegar al cielo,
insolentes como los vivos
que confunden esta condena con la dicha.

Quiero gastarme la vida contigo,
habiéndola recibido intacta,
para tatuarle encima la permanencia.

Y si alguna vez me encuentran llorando,
no hará falta preguntar por qué:
porque en alguna parte de este mundo
hay unos ojos que celebran mi existencia.

Sigamos pecando, pues.
Hagamos de nuestros días una herejía contra el olvido,
un ritual de manos que tantean
la cartografía secreta de nuestros cuerpos,
de noches y de vida.

Y cuando finalmente lleguemos al cielo,
si es que existe,
que nos encuentre todavía abrazados,
con la boca llena de pecados
y el corazón demasiado vivo
para pedir perdón.

Pólvora de viento

El viento estalla en pedazos de ti.
Esquirlas de memoria,
un tajo de vidrio que corta la penumbra
y me deja, sobre la tierra seca,
aspirando los restos de tu alma.

El aire se rompe,
se deshoja furioso.
Cada ráfaga es un fragmento de tu carne,
un pedazo de tus ojos abiertos
donde el sol fundió dos de sus torres
para jugar ajedrez contra mí.

Te busco en la dispersión.

Tocar el viento es tocar un espejo asesino
donde cada astilla refleja
la cicatriz de habernos amado.

Entregados al refugio de la inclemencia,
hicimos de nuestro cuerpo
un suspiro antes de la devastación.

Aprecio los horizontes transparentes:
el viento vuelve a juntar tus pedazos
solo para volverte a aprisionar en mi garganta.

El instante inmóvil
donde miro el vacío que dejas
y me descubro hecho de la misma miseria,
poblado solo por el eco sangrante de tu sombra.