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Me acuerdo, no me acuerdo. Anécdotas oscuras, extrañas y humorísticas del Cine Mexicano

Escrito por el 21/10/2026

Para el próximo año 2027, el escritor mexicano Ulises Paniagua, en calidad de cronista, calcula la publicación de su libro “Me acuerdo, no me acuerdo”, un texto donde comparte historias extrañas (algunas cómicas, otras trágicas, algunas más francamente siniestras) extraídas del mundo y submundo del Cine Mexicano, incluyendo la Época de Oro. Hoy ha tenido a bien compartir, para Invencible, un adelanto de su libro, a través de cinco breves capítulos. Esperamos les guste..

1. El actor que engañó a Luis Buñuel

Esteban Oliverio Márquez Covarrubias nació en Ciudad de México el 5 de enero de 1927. Además de ser recordado por algunas contadas actuaciones fue empresario, astrólogo y diseñador de moda. Fue, a su vez, protagonista de una anécdota que involucra a Luis Buñuel. Se cuenta que el entonces muy joven Esteban Márquez había conseguido ciertos papeles secundarios dentro del círculo artístico de nuestro país. De hecho, decidió retirarse a los 22 años para dedicarse a los negocios[1], porque su carrera no despegó como él hubiese deseado.

Antes de dejar su carrera, no obstante, Esteban Márquez fue co-protagonista de uno de los grandes clásicos del cine mexicano, junto a la sensual actriz Lilia Prado. Hablamos de “Subida al cielo”, película filmada en el año de 1952, donde Esteban Márquez interpretó el rol principal. La historia oficial cuenta que fue el productor Manuel Altolaguirre quien lo convenció de hacer una última película, como estelar, cuando estaba a punto de “tirar la toalla”.  El rumor de radio-pasillo, confirmado de viva voz por Esteban, refiere que el actor se encontró con el director andaluz, Buñuel, en una reunión concurrida. Inició una conversación con él, y se cayeron bien. Fue entonces que se le encendió el foco, mitad con ingenio, mitad con malicia, para conseguir lo tan anhelado.

Esteban Márquez y Lilia Prado en Subida al cielo (1952)

Un tanto desesperado por ser una estrella verdadera, el joven mintió. Durante la charla en aquella cena se enteró de que el director de “Los olvidados” pensaba filmar una película en México. Esteban lo convenció acerca de que era adecuado para el papel principal. Le dijo que, en nuestro suelo, él era un actor muy, pero muy famoso, y que su prestigio ayudaría a convocar a un público numeroso dentro de las salas cinematográficas. Buñuel, quien recién estaba conociendo a la fauna cultural del país, le creyó ciegamente, según se cuenta. La cinta fue exitosa, sí. Estaban vivió un momento de gloria. Buñuel, sin embargo, no le perdonó el que lo engañara (se enteró de la verdad con el estreno de la cinta).

Esteban Márquez se dedicó a la moda durante mucho tiempo. Luego cerró su tienda de ropa y confección para dedicarse a la astrología. Desde los años 80s se dio a conocer en diversos medios por leer el horóscopo. Quizá sus mejores décadas fueran los 90s y los 2000s. También escribió libros e impartió conferencias sobre el tema esotérico. Por si fuera poco, en un toque de nostalgia actoral fundó el pasaje esotérico de Plaza de las Estrellas[1], ubicado en el centro comercial Galerías, ubicado cerca de la Torre de Pemex.

El mundo del cine es así. Han pasado muchas décadas desde este curioso episodio. Quizá recuerden a Esteban Márquez. Su nombre como astrólogo fue Esteban Mayo.

[1] Bis.

2. La carta de Fernando Soler

Fernando Soler, cuyo verdadero nombre era Fernando Díaz Pavía fue, además de un gran protagonista y un espléndido antagonista en las películas del cine mexicano, una institución teatral de México. Junto a sus hermanos Domingo, Andrés, Julián y Mercedes, impartía cátedra “in situ” en el set y sobre el proscenio. Los Soler fueron una gran dinastía que luego se prolongó a través de sus descendientes, los Ciangherotti, tanto en la pantalla grande como en la pantalla chica de nuestro país. Fernando Soler, quien debutara en 1930 en el teatro Infanta de Madrid, aseguraba que sus personajes más memorables en cartelera fueron su “Cyrano de Bergerac” (que hizo en Bellas Artes), y los que interpretó en “Bajo el puente”, “El círculo de yeso” y “El verdugo de Sevilla”.

El actor Antonio Guaida me compartió alguna vez una anécdota sobre don Fernando, un episodio simpático. El asunto fue así: uno de los actores secundarios enfermó durante la presentación de una obra, una de tantas en las que trabajaba don Fernando en aquellos años. El director, desesperado y para resolver la escena, tuvo que recurrir a un tramoyista para salvar la presentación. Le pidió que interpretara ese papel. Era un diálogo sencillo, lo único que debía hacer el personaje era llevar una carta a Fernando Soler, y decir:

            —Señor, aquí está su carta.

            A lo que Soler respondía:

            — Demasiado tarde.

Así de simple. El director recalcó al joven que debía hablar fuerte, muy fuerte para ser escuchado. El tramoyista asintió. Le habían dado la instrucción de su diálogo, sin embargo, no lo prepararon para saber la respuesta que debía dar el actor de “La oveja negra” bajo las luces.

Era tal la ansiedad del tramoyista, que preguntaba de manera constante: “¿Ya entro?”… “¿ya?”…“¿ya me toca?”. A lo que el asistente de dirección respondía, “No, aún no, espera”. El muchacho era un manojo de nervios, la impaciencia en persona. Finalmente llegó el momento cumbre. El pie para la entrada. El asistente de dirección dio la orden: “¡Ahora!”.

El tramoyista, caminando desgarbado, pero feliz por su debut, llegó a Don Fernando, y dijo en tono serio:

             —Señor, aquí está su carta.

            —Demasiado tarde— respondió don Fernando Soler, solemne.

El tramoyista, indignado y apuntando al asistente, hizo estallar al público a carcajadas con un tono desparpajado, irreverente, al señalar:

            —Desde hace rato le estoy diciendo a ese guey, pero no me hace caso.

Fernando Soler

3. Hincarse ante Jesucristo

Otra anécdota proveniente del actor teatral Antonio Guaida, tiene como tema central al magnífico Enrique Rambal interpretando el papel de “El mártir del calvario”, obra que lo proyectó a la pantalla grande. Enrique Rambal Saciá nació el 8 de mayo de 1924 en Valencia, España. Después de una carrera inicial en teatros de Europa, su familia, que era una familia de la farándula, se mudó a México. Enrique Rambal participó en alrededor de 80 películas entre las que destacan: “El Mártir del Calvario”, “El ángel exterminador”, “El día de la boda”, “El cuerpazo del delito”, “El pecado de una madre”, “Cómo hay gente sinvergüenza” y “La estrella vacía”. Se consagró con el monólogo “Bandera negra”. El actor grabó dos discos de poemas, siendo el más famoso “Carta a mi hijo”. Fue sonada la enemistad profesional que mantuvo con Manolo Fábregas en aquel entonces, pues en ocasiones se disputaban los mismos papeles[1].

Volviendo al tema, lo que narra la anécdota es que cada noche, durante las funciones teatrales donde Rambal interpretaba el papel de Jesucristo durante “El mártir del Calvario”, el joven Antonion Guaida debía postrarse ante él con la docilidad de uno de sus apóstoles.  En tal escena, Jesús permanecía de espaldas al público, apenas cubiertas sus partes pudendas con un breve taparrabos. Rambal, quien era un tipo lleno de picardía, aprovechaba para, una vez que no podía notarlo el respetable, destaparse el sexo y mostrarlo, a modo de broma, a sus coprotagonistas.

Entonces, en algunas funciones le guiñaba el ojo al joven actor quien, hincado, escuchaba a la educada voz de Rambal emitir con malicia y en voz baja:

— Ya que andas por ahí…

¡Válganos Dios! Las cosas que había que escuchar cada semana santa desde los labios de “El Mártir del Calvario” con acento valenciano…

4. Los cocodrilos de Buñuel

Se sabe mucho sobre Luis Buñuel, el genio radicado en México; pero se conoce poco sobre su lugar de residencia ¿Donde vivió Luis Buñuel en nuestro país? El paradero de su casa fue, durante algún tiempo, un misterio. Una vez que el cineasta dejó de acompañarnos en el plano material, su residencia fue abierta al público como museo una temporada. Nacido en Calanda, España, se naturalizó mexicano en 1949, y desde 1954 y hasta sus últimos días en 1983, Buñuel residió en el número 27 de la cerrada Félix Cuevas, en la colonia del Valle (Ciudad de México). Era otra era, en aquellos años había pocos edificios y casas por los alrededores. Así describe el propio artista su casona:

La casa de Félix Cuevas se encontraba casi en las afueras de la ciudad: a lo lejos se veía un pueblecito, Coyoacán. Alrededor, grandes extensiones de tierra en donde pastaban las vacas, paseaban manadas de borregos entre los campos sembrados de maíz. Un solo tranvía nos dejaba en el centro. En 1952 compramos el terreno y construimos la casa. Costó 300.000 pesos. Al fin dejamos de ser nómadas y comenzamos a echar raíces[1].

A una edad madura, Buñuel había hecho construir su casa para que, si le pasaba algo a él, Jeanne Rucar, su mujer, abriera una pensión para turistas. Fue diseñada por el arquitecto español Arturo Sáenz de la Calzada, compañero del cineasta durante sus años en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Es precisamente, para recordar aquellos años, por lo que Buñuel pidió que la fachada fuera de ladrillo aparente. Este arquitecto, por cierto, fue también el que diseñó la columna de la película “Simón del desierto” (1964).

La sala de la familia Buñuel lucía cuadros pintados por amigos, entre ellos dos retratos de Luis, siendo joven, pintados por Dalí. El lugar favorito del director español era, por cierto, la habitación donde preparaba sus tragos y cocteles, el bar de la casa al que consideraba un rincón sin el que “la vida sería imposible de sobrellevar”[2]. Era célebre, entre las invitadas y los invitados, la presencia de Tristana, su perra ratonera, la que subida al sillón fue testigo de incontables sesiones de humo de cigarro, bebida y plática. Allí Buñuel contaba a sus amigos de su afición a la cacería, que era más bien imaginaria, sin dañar a los animales: “Algunos domingos (…) salgo muy temprano a cazar por los alrededores de México. Llevo fusiles. Pero nunca cartuchos. Me aterraría matar a un animal. Me gusta observarlos, apuntarlos, verlos huir. No quiero correr el riesgo de herirlos”, comentó alguna vez el autor de “Un perro Andaluz” (1929) y “El ángel exterminador” (1962). En el jardín, que era muy amplio, había un fogón campestre donde Jeanne cocinaba la paella valenciana cuando recibían a los amigos, particularmente republicanos españoles establecidos en México desde 1939-1940. Buñuel sabía hacer la paella. Le quedaba muy bien. Uno de sus orgullos era haber ganado, con este plato español, un premio en un concurso culinario organizado en México[3].

También se cuenta (y aquí radica el corazón de esta anécdota), que al director de cine le gustaba conducir a los invitados al jardín, quienes al salir allí se llevaban una tremenda sorpresa: ante sus ojos aparecía un par de cocodrilos que le gustaba tener como mascotas. Un detalle que demuestra la exótica personalidad de este gran personaje, sin duda, y su carácter lleno de humor negro. Basta imaginar la cara de espanto que habrán puesto los invitados. La personalidad del genio, al fin. Claro, hay versiones que desmienten esta anécdota…

Actualmente la casa está convertida en una residencia para estudiantes de cine. Desde el 2015 se establecieron allí la Federación Iberoamericana de Academias de Cine (FIACINE) y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC). Por fuera, la casa se puede visitar, ojalá algún día vuelvan a convertirla en museo. Hasta la fecha, ningún cocodrilo asoma por encima de la barda.

5. El suicidio de un grande

Cuando Hollywood llamó a casa de Pedro Armendáriz a través de su representante, para dar la noticia donde le comunicaba que sería parte de la película “The conqueror”, aquello debió representar una alegría inmensa para el afamado actor mexicano. No sabía de las consecuencias trágicas, para muchos hoy sabidas, que le acarrearía ese papel. Porque la película “The conqueror”, dirigida por Dick Powell en 1956, fue filmada en el desierto de Uta, justo en una zona donde hasta hacía poco se habían llevado a cabo pruebas con bombas nucleares, y que conservaba un alto índice de radiactividad. El resultado fue terrible: todo el elenco (incluyendo al director) murió años más tarde a causa de las secuelas de esa producción.

Pedro Armendáriz adquirió el cáncer en dicha filmación. Fue un proceso durísimo, un hecho que marcó su vida para mal, y que la estrella del cine nacional no pudo afrontar. Le habían anunciado que no le quedaba más de un año de vida por culpa de la enfermedad. El mal le había dañado las glándulas linfáticas, tuvieron que internarlo en un hospital de California, Estados Unidos, en sus últimos días. Ya había perdió el cabello y la energía él, quien solía practicar varios deportes y demostrar un derroche de vitalidad. Llevaba internado casi una semana, por lo que se había perdido la grabación de la película “El revólver sangriento”[1].

Finalmente, el 18 de junio de 1963, estando recostado en la cama del hospital de California, Pedro Armendáriz logró introducir de contrabando, no sé sabe con ayuda de quién, una pistola; una Colt Magnum 35 que fue un regalo de su compadre, el cantante y también actor, Miguel Aceves Mejía. Allí, a los 51 años de edad, en cuanto notó la desatención de médicos y enfermeros dentro del lugar, Armendáriz, víctima de un dolor insoportable, decidió pegarse un tiro[2].

Fue enterrado en el Panteón Jardín, en la Ciudad de México. No alcanzó a ver el estreno de “The conqueror”, la cinta que le costó la vida. Días después del trágico episodio, Carmelita Pardo (esposa de Armendáriz) y el propio Aceves Mejía lanzaron el arma al mar desde un risco, emulando, quizá de forma intencional, la escena final de la película «La Perla», magnífica adaptación de la novela de John Steinbeck, de la que el querido Armendáriz fue protagonista.

Al sepelio también acudieron “la Doña”, y su hijo, pues como el propio Pedro Armendáriz Jr. hizo conocer en alguna entrevista, los “Armendáriz” y los “Félix” eran familias cercanas. María Félix fue una gran confidente de Pedro Armendáriz padre. Debió haber sido muy difícil para ella recibir la noticia. Descanse en paz “Lorenzo Rafael”, “Marcos Arizmendi”, “Pancho Villa”, galán de galanes, actor entre actores.

 

[1] Fuente: Famoso actor abandonó el Cine Mexicano para ser astrólogo, diseñador de modas y hasta estudió medicina – El Heraldo de México

[3] Fuente: El fonógrafo. Enrique Rambal: 11 datos del mejor intérprete de Jesucristo en el cine mexicano | Fonógrafo 690 AM

[4] Fuente: https://lbunuel.blogspot.com/2016/10/la-casa-de-bunuel-en-mexico.html

[5] Fuente: Bis.

[7] Fuente: El Universal. https://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/pedro-armendariz-y-la-tragica-historia-detras-de-su-suicidio/

[8] Fuente: La trágica historia detrás del suicidio de Pedro Armendáriz – Infobae