Gyotaku Do: Un camino a la ciencia a través del arte
Escrito por Joel Cuellar Lopez el 28/09/2025
Existen muchas formas de reencontrar el propio camino, muchas formas de reencontrarse con uno mismo, en esta ocasión deseo escribirles sobre un hombre que decidió reencontrarse a través no solamente del arte, sino a través de la difusión de la ciencia. Se trata de Keisdo Shimabukuro, quien nació en Querétaro (1979) con herencia nikkei (padre japonés y madre mexicana). Publicista de formación, pero con una vocación social que lo llevó a trabajar por 16 años en la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Ahí se dedicó a hacer trabajo de campo, viajando por todo el país atendiendo temas tanto de migración como de violencia, poniendo su vida en riesgo en más de una ocasión y atestiguando la gran capacidad de crueldad que tiene el ser humano.
Además de su trabajo de campo, puso en práctica sus conocimientos profesionales en el área de promoción y difusión de la CNDH, traduciendo sus experiencias de campo en campañas por los derechos de migrantes, periodistas o activistas. Sin embargo, este trabajo fue dejando marca en Keisdo: los constantes viajes, el peligro, el atestiguar tanta violencia, todo esto fue desgastando tanto su cuerpo como su alma. El cansancio, las pesadillas, el estrés, llegó un momento en el que tuvo que decidir hacer algo al respecto y para hacer eso volteó hacia él mismo, su herencia, su infancia, sus valores.
Lo que resultó de dicha búsqueda interna fue algo que le hizo sentido, algo coherente con su vocación. De su infancia retomó su gusto por los peces, mientras que en su herencia encontró el Gyotaku, una forma de impresión natural de origen nipón, creada a mediados del siglo XIX por pescadores que deseaban conservar un registro de sus mejores capturas. Combinó esto con su vocación social, creando el proyecto Gyotaku Do (gyo=pez, taku=frotar, do=camino) que se podría interpretar como: la disciplina de la impresión de peces. Proyecto con el que busca difundir la importancia de la biodiversidad marina en nuestro país, llevando este tema al público de un modo distinto, valiéndose de exposiciones, pero también de talleres.
Aquí me gustaría abrir un paréntesis para hablar un poco más sobre el Gyotaku, cuya técnica básica consiste en recubrir un pez con tinta u otro pigmento, para luego colocarlo dentro de una tela doblada o entre hojas de papel, finalmente se frota la parte exterior para obtener la impresión. A diferencia de otros métodos tradicionales o incluso de los métodos industriales, esta técnica directa produce imágenes únicas, que se conocen como monotipos.
La impresión a tinta por sí sola se asemeja a algunos fósiles antiguos que podemos ver en varios museos y que fueron creados de manera similar, cuando un ser vivo deja su impresión en algún sedimento. Pero cuando el objetivo es tratar de reproducir una apariencia lo más viva posible del pez es usual realizar algunos retoques, sobre todo si se quiere añadir color, incluso se pueden llegar a realizar varias impresiones para obtener varias capas de color. Algunas de estas impresiones pueden lograr un realismo tal que el pez parece saltar del lienzo, promoviendo una particular experiencia estética en su observador.
En el caso del proyecto del Gyotaku Do también se busca generar conciencia sobre la conservación de la biodiversidad en nuestras aguas. Podemos ver entonces que dicho proyecto es capaz de crear obras artísticas relevantes, que no solamente se interesan por provocar una sensación de belleza, sino por fomentar una cierta estimulación intelectual.
Durante los últimos años Keisdo ha trabajado de manera cercana con la Colección Nacional de Peces de la UNAM, documentándose sobre las características e importancia de los diferentes especímenes, así como del nivel de riesgo que corren y las razones por las que algunas de estas especies enfrentan el peligro de desaparecer. Aquí encontramos el potencial para una poderosa mancuerna, pues muchas veces le ha sido difícil a los conservacionistas ser persuasivos con el público en general, ya que los datos y cifras, por más certeros o duros que sean, no necesariamente generan una narrativa convincente. Mientras que este proyecto intenta convencer no solamente mediante cifras o datos, sino contactando con la emoción.
Creo que muchos proyectos se hubieran quedado solamente con el conocimiento estrictamente académico, sin embargo, de manera similar al trabajo que Keisdo desarrolló en la CNDH, existe también un importante trabajo de campo en este proyecto. Y es que Keisdo se ha acercado a comunidades de pescadores, de quienes ha aprendido también sobre lo que significa para dichas comunidades vivir de la pesca y la importancia que le dan no solamente a los peces, sino al medio ambiente.
Para promover el contacto con el público el proyecto Gyotaku Do ha realizado varios talleres en donde los participantes pueden experimentar de primera mano esta técnica, además de haber llevado a cabo exposiciones en recintos como: el Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental, el Pabellón Nacional de la Biodiversidad y la asociación México Japonesa.
Actualmente Keisdo se encuentra integrando a más personas en su proyecto, por lo que su más reciente exposición fue colectiva, creando una escuela de aprendices que promuevan el amor por la naturaleza a través de su sensibilidad artística. Este proyecto ha tenido una buena recepción y se encuentra expandiendo sus alas (o aletas) para allanar un nuevo camino, uno de reflexión hacia la conciencia y la conservación.
Para finalizar me gustaría agregar que este proyecto, nacido desde el dolor por un México roto por la violencia, nos invita a reinventarnos como sociedad, así como lo hizo Keisdo. Quien lejos de hundirse en la desesperación o la desesperanza, ha logrado transmutar tanto sufrimiento atestiguado en un proyecto que lleva consigo un mensaje de cambio coherente con uno mismo. Si deseamos promover un cambio este no es mágico, debemos buscar en nuestra propia historia, cultura y herencia.
Columna: Transpoiética.
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