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The Best of I Love Dance: cuando la música se convierte en memoria colectiva

Escrito por el 29/12/2025

No fue sólo un concierto ni una celebración retro. The Best of I Love Dance fue una noche en la que una generación entera volvió a encontrarse con las canciones que la formaron, cuando el dance sonaba en la radio sin etiquetas, sin algoritmos y sin la necesidad de explicarse.

Hay eventos que se anuncian como espectáculos y otros que terminan revelándose como actos de memoria. The Best of I Love Dance, celebrado el pasado 19 de diciembre en el Palacio de los Deportes, pertenece claramente a la segunda categoría. Más que un desfile de nombres emblemáticos del dance y el eurodance, fue una experiencia que puso en el centro algo que pocas veces se nombra: el peso emocional de una música que acompañó a toda una generación desde la infancia.

Para quienes crecieron escuchando radio en los noventa, el dance no llegó como un género definido, sino como una presencia constante. Sonaba en estaciones como Alfa 91.3, se colaba en los trayectos familiares, en los primeros recuerdos musicales, en una época donde la música no se buscaba: simplemente aparecía. Era 1994, año mundialista, y aquellas canciones se presentaban sin mayores explicaciones, como música dance. No hacía falta saber más. El impacto estaba ahí.

Por eso, lo ocurrido esa noche en el Palacio de los Deportes no puede reducirse a la lógica de un concierto. Fue un acto de reencuentro generacional, un momento donde la música dejó de ser nostalgia pasiva para convertirse en experiencia viva. Escuchar en un mismo espacio himnos que marcaron distintas etapas de crecimiento fue comprobar que esas canciones no pertenecen al pasado: siguen habitando el presente de quienes las cargan consigo.

La presencia de artistas fundamentales como Jenny Berggren (Ace of Base), Crystal Waters, Alexia, Corona, Dr. Alban, C+C Music Factory, Masterboy & Vertex Delgado, Real McCoy, Danzel, Ultra Naté y Real 2 Real, entre otros, no funcionó como un ejercicio de archivo, sino como una reafirmación. Cada canción activó recuerdos compartidos, cada coro fue una confirmación colectiva de que esa música sigue siendo parte de una identidad común.

El público no asistió como espectador, sino como protagonista. Cada tema fue cantado como si perteneciera a una biografía personal, aunque en realidad se tratara de una memoria compartida. La producción —precisa, contundente, envolvente— acompañó el momento sin robarle el centro a lo verdaderamente importante: la conexión emocional entre generaciones unidas por un mismo pulso rítmico.

Hubo ausencias, como la de The Outhere Brothers, quienes no pudieron presentarse debido a un contratiempo en su vuelo desde Chicago. Sin embargo, incluso esa ausencia funcionó como recordatorio de que I Love Dance no es un evento cerrado, sino una historia que continúa, una narrativa que sigue creciendo edición tras edición.

Lo que distingue a The Best of I Love Dance de otros ejercicios de nostalgia es su capacidad de transformar el recuerdo en presente. Escuchar estas canciones en vivo no es repetir el pasado, es resignificarlo. Es entender que la música que nos acompañó en la infancia y la adolescencia sigue teniendo algo que decirnos hoy, en un mundo radicalmente distinto, pero emocionalmente conectado por los mismos sonidos.

En ese sentido, esta edición no fue sólo una fiesta: fue un gesto de gratitud hacia una música que acompañó silenciosamente procesos de crecimiento, descubrimiento y pertenencia. Un espacio donde el tiempo no se midió en años, sino en canciones.

Gracias a Gus y a todo el equipo detrás de I Love Dance por seguir construyendo estos espacios donde la memoria no se archiva, se celebra. Porque al final, lo que ocurrió esa noche fue algo más profundo que un regreso al pasado.

Fue la certeza de que, mientras estas canciones sigan sonando, esa parte de nosotros seguirá viva.
Como un eco persistente, como una luz que no se apaga, como el sonido de una radio encendida en algún punto de la infancia, recordándonos que la música también es una forma de volver a casa.