En esta jungla de asfalto o como mejor la nombró “El Profeta del Nopal” Rockdrigo González en esa rolita que lleva por nombre Vieja ciudad de hierro.
Mi ciudad de México donde todo puede pasar, los sonidos, los olores, los edificios, los colores, los días grises en donde los imecas hacen que el aire que se respira sea plomo en el paladar y la boca sepa a centavo egipcio.
Su gente… ¡Aah su gente! Todo un conjunto de rostros, de gestos, emociones, sentimientos y el paisaje que se ha urbanizado con el paso de los años.
El chale, el qué tranza, el qué chido, la banda, el carnalito, el chiflido desde media cuadra. Puro modismo mexicano hace eco en el viento.
Artistas callejeros, los comerciantes informales, achis achis los mariachis todos chambeando para subsistir, el valedor que vive en las calles jugando con los morros y regalando sonrisas.
Costumbres enraizadas que luchan por sobrevivir entre bicicletas y patinetas…
Las fuentes del Monumento a la Revolución, lugar en el que me la he pasado horas sentada viendo pasar el tiempo.
Cazadora de momentos viendo al mundo en blanco y negro, a veces a color. Te invito a que seas mi compa y hagamos uso de esas falacias informales en donde una fotografía te trasmita sensaciones de esta Gran Tenochtitlan, permíteme ser tus ojos a través de una cámara.