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Godzilla, mega rey de los monstruos

Escrito por el 29/12/2025

Godzilla es la ira. La destrucción. El arrasamiento. Un dios rencarnado. Aquello que se vuelve contra la insensatez humana y en ocasiones contra su pueblo. Es la venganza de naturaleza ante el ecocidio, la contra ante la esquizofrenia nuclear. Como las antiguas deidades, es al mismo tiempo el bien y el mal, la inmovilidad y la furia, la paciente espera y una fuerza irreprimible. Es rebeldía desatada, el miedo que no pueden controlar los gobiernos; un problema político internacional. Lo irremediable. La encarnación del océano. El maremoto (como aquel del 2011) que devora lo posible y lo imposible.

Es más grande que King Kong, pues lo vemos evolucionar del tamaño de un dinosaurio hasta el peligro de una infinitud aterradora. Es un mal necesario en ocasiones. Lo vemos restablecer el orden de las cosas enfrentando a otros kaijús. Lucha, incluso, ante su propia versión tecnológicamente imponente: Mechagodzilla.

Gojira (este es su verdadero nombre) es un ser prehistórico, atemporal, glorioso. Nació como rumor en 1954. Apareció en pantalla justo en la película “Godzilla”, de dicho año, producida por los estudios Tōhō bajo la dirección de Ishirō Honda, con un guion del propio director en compañía de Shigeru Kayama y Takeo Murata. En el papel del ser fantástico, dentro de un traje primitivo que dio origen a la leyenda, se hallaba el actor Haruo Nakajima. Gojira aparece, desde entonces, en treinta y dos películas del país del sol naciente y en cuatro norteamericanas. Ha mantenido su éxito por al menos setenta años.

¿Cómo surgió el imaginario de una bestia tan asombrosa? Quizá del terror a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki; quizá de la angustia ante las propias pruebas nucleares japonesas del Pacífico de 1947 para defender su territorio. La palabra Godzilla proviene de dos términos que la componen: Gorira, ゴリラ (Gorila) y Kujir, くじら, (ballena). Un rumor dentro de los estudios Toho propone que se trataba del seudónimo de un fisicoculturista que trabajaba para la empresa. Otra versión se utiliza en la cinta del 2016, donde el monstruo asciende a nivel Shin, es decir, a nivel dios. El nombre del ShinGoji proviene de shin (シ ン), y Goji, que viene del nombre japonés de Godzilla, Gojira (ゴ ジ ラ). En esta adaptación la palabra «Godzilla» significaría «Encarnación de un Dios». Para confirmar la idea se recurre a la raíz en inglés, la palabra “God”.

¿Es este ser, dotado de imperiosas y eléctricas escamas, de postura de luchador de sumo, un castigo divino ante la cobardía y el remordimiento del ejército japonés que “no supo defender a los suyos durante la Segunda Guerra Mundial”? ¿Es la revancha merecida por el desafío humano contra natura, emprendido por personajes siniestros como Oppenheimer a partir de la década de los 40s? Del modo que sea, lo relevante es que un día emergió del mar y no se ha marchado de nuestra imaginación; permanece congelado en la memoria colectiva de Tokio y del mundo, en espera de otra mutación, de un nuevo despertar para lanzar su característico rugido.

Como se comentó líneas atrás, hay más de treinta versiones cinematográficas de este mito posmoderno. Quizá su mejor aparición sea «Godzilla Minus One» (2023). La versión en blanco y negro del propio director, Takashi Yamazaki resulta, además de espectacular, sumamente dramática. El film es una mezcla entre el Godzilla clásico, “King Kong”, “Tiburón”, “Moby Dick” y “La tumba de las luciérnagas”.  Otra aparición deslumbrante del monstruo la hallamos en “Shin Godzilla”, del 2016. Dirigida por Hideaki Anno, la película resulta una crítica a los políticos globales, quienes están más preocupados en ocasiones por su ropa Zara o porque no se les enfríe la sopa ramen antes que por los habitantes de sus ciudades.  “Shin Godzilla” fue una estupenda recomendación que me hizo el escritor Sergio Ceyca, tuve oportunidad de verla por estos días.

Si quieren conocer más del monstruo, de este verdadero rockstar (gran figura pop), deben visitar la exposición “Godzilla y La sombra atómica” que ofrece el Museo Casa de Carranza, ubicado en Río Lerma 35 en la colonia Cuauhtémoc. Allí hallarán una variada e interesante colección sobre el tema. Hay desde ejemplares de ánime hasta pinturas y esculturas de la criatura. Se pueden encontrar afiches de todas sus películas, una gran cantidad de portadas de cómic, juguetes ingeniosos, aunque raros: un “Axólotlzilla”, un kaijú híbrido de Quetzalcóatl, alguna que otra parodia de los Simpson, figuras de acción que se vendieron en tiendas o a la salida de los cines; hay incluso un bebé prehistórico que destruye el Ángel de la Independencia. Un manjar para gente apasionada y conocedora. La expo ha tenido tanto éxito que, según he sabido, se está planeando abrir pronto un mueso dedicado a esta semideidad.

Y es que lo merece todo. El personaje ha sido nombrado Rey de los Monstruos, Gigantis, Dios de la Destrucción. A él se le ha compuesto una buena cantidad de temas musicales iniciando por el clásico de Akira Ifukube de los años 50s. Godzilla es el Shiva de hoy. La naturaleza invitándonos a la reflexión. Pasado, presente y futuro fusionados en un símbolo. La inmortalidad del Océano. Un rugido interminable que habita el Japón antiguo y el contemporáneo. Godzilla vive en nuestros ojos, nuestros oídos, nuestra memoria y nuestro corazón. Héroe o villano sólo se le puede amar; amar de manera profunda, y estar de su parte.