Mr. Bungle es una anomalía dentro de la industria musical. Su improbable existencia bajo el manto de Warner Bros. se debe completamente a que el vocalista Mike Patton exigió que la disquera los firmara cuando se contrataron a Faith No More. Después de todo, Mr. Bungle fue su primera banda “en serio”. Y lo pongo entre comillas porque Mr. Bungle siempre ha sido más bien un proyecto desfachatado. Es complicado etiquetar a la banda bajo un género en especial, ya que sus rolas son deliciosamente esquizofrénicas, pero lo mismo mezclan trash metal con easy listening, avant-pop, surf y música del mundo. Por ende, no es una banda fácil de apreciar porque raya en lo experimental. Para muchos son una banda que amas u odias, pero que nunca te deja indiferente.
Con tal antecedente, me sorprendió gratamente el casi “sold out” en su primera visita a Guadalajara desde que se formaron hace 40 años, y más tomando en cuenta que había una percepción en redes sociales de que el evento no estaba vendiendo como se esperaba. También fue grato ver la confluencia de varias generaciones de melómanos y fanáticos de otros proyectos de Mike Patton, como Faith No More y Fantômas. Sí, había mucho metalero cuarentón (y para arriba), pero también veinteañeros. Por ahí vi a varias amistades con sus retoños, al igual que yo, que fui acompañado por mi hijo, Émile, quien lo gozó a tope.
El combo encargado de abrir la velada fue una muy conocida banda de la escena independiente tapatía, Deskartes A Kant, que tocó antes de que llegáramos. Por los videos cortos que he visto en Instagram, se nota que se entregaron como es su costumbre, con una visceralidad que cayó bien.
A las 9:48 pm, Trevor Dunn (bajo), Dave Lombardo (batería, de Slayer), Ian Scott (guitarra, de Anthrax), Trey Spruance (guitarra) y Mike Patton (voz, theremín, efectos) pisaron el escenario del Teatro Estudio Cavaret, bajo las notas de una versión cuasi cómica de “Also sprach Zarathustra” (“Así habló Zarathustra”) de Richard Strauss, para darle paso a una versión de un tema de la banda sonora de la serie Narcos, rola “acústica” en español, cantada por el propio Patton. A partir de ese momento inició el viaje estrambótico de la banda y sus seguidores.
Los enterados de la banda sabíamos que esta versión de Mr. Bungle enfoca su setlist en los temas pertenecientes a su cuarto y más reciente disco de estudio, The Raging Wrath Of The Easter Bunny Demo (2020), una reinterpretación de su primer demo que vio la luz en 1986 y que muestra su lado más “trashero”. Siendo un álbum de tan solo 56 minutos, me preguntaba cómo resolverían el armado de una lista de canciones que durara más de una hora. Para la extrañeza de los recién iniciados, lo hicieron al más puro estilo de Mike Patton. Es decir, complementaron su propio repertorio con baladas clásicas del pop, una jugada que Patton ha utilizado durante décadas con Faith No More. Sólo basta con recordar su éxito más grande hasta la fecha, la versión de “Easy”, tema meloso pero poderoso, original de The Commodores. Así pudimos disfrutar los cóvers relajados que acariciaron la velada como “I’m Not in Love” (10cc), “True” (Spandau Ballet) y “Funkytown” (Lipps Inc.), además de un par de temas más “ponchados” como “State Oppression” (Raw Power) y “I Don’t Need Society” (D.R.I). Para los fans de antaño, los que crecimos con los discos Mr. Bungle, Disco Volante y California, también hubo un pequeño regalito con uno de sus temas más melancólicos: “Retrovertigo”, en una versión que, en lo personal, me pareció más corta que la original.
Patton comandó la sesión con su histrionismo vocal y carisma, dirigiéndose al público en español y lanzando perlitas como “¡Hola, Guanatos!”, “Saca la mota”, “Órale” o un “¡Cállate güey!”, en respuesta a un fan sobreexcitado. El moshpit también se hizo presente, sobre todo en los temas más caóticos como “Hypocrytes/Habla Español O Muere”, “Anarchy Up Your Anus” y “My Ass Is on Fire”.
El resto de la banda también dio cátedra. Quizás el más discreto fue Trevor Dunn en el bajo, pero salió muy bien librado haciendo mancuerna con los tamborazos endemoniados de Dave Lombardo. Mención aparte merecen Trey Spruance e Ian Scott con sus poderosos y cambiantes riffs que mantuvieron el headbanging de sus seguidores a tope. Tras una hora y cuarto aproximadamente, incluyendo el encore, la banda se despidió dejando un foro atónito, pero satisfecho. Para mí, fue una experiencia extraña. Me explico: si bien lo disfruté mucho en el momento, también me dejó secuelas que sigo digiriendo al día siguiente y que, poco a poco, van alimentando mi discernimiento de uno de los recitales más extravagantes que se han dado en Guadalajara en los últimos años.
Fotos cortesía de Music Vibe.
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